El espíritu a veces se le muere de a pocos, no es que ella lo desee así, pero es quizá el dolor de la edad, la angustia que le da la soledad y la falta de tener a alguien con quien pasar estas últimas miradas a lo terrenal le aquejan más que esa ceguera casi total, aquella hernia en la columna y anemia que día a día se hacen más latentes en ella.
Como buena mujer, es guerrera, pero siente que lo mejor sería dejar de vender esos caramelos y golosinas que suele vender en una esquina de la Avenida Tacna, ella sufre, ella llora, es víctima de la indiferencia, solo anhela volver a su tierra, ese Chiclayo tan ingrato y lejano, que de ella no hace un llamado, aquel norteño solo se sienta en la costa brava y espera con paciencia en día en que ella pueda volver a bailar marinera, aunque la verdad es desgarradora.. Si ella regresa será para dormir, el sueño de los pobres, el sueño eterno.
La recuerdo muy bien, no sé que será de ella ahora, y la culpa me hace sentir miserable día a día, no puedo borrar su dulce paz, su calidez, su cariño sincero, sus canas despeinadas que trataba de acomodar y a pesar de no haber podido pasar más tiempo juntas, fui su nieta por momentos, creo que le hice sentirse querida por un lapso corto.
Quisiera volver a verla, me siento más maldita que nunca, me pidió que la internase en algún acilo, más no regresé por ella, si yo llegase a donde la conocí y no la vuelvo a ver más tendré una amargura enorme y lloraré con más ganas.
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